“No son pocas las personas que señalan con entusiasmo el decrecimiento de las posiciones ateas, especialmente de las fundadas en sistemas filosóficos, y el creciente interés de los hombres y mujeres de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI por realidades y experiencias espirituales. Sin embargo, como bien lo dice el Cardenal Rodríguez y como lo señala el documento citado como umbral de esta intervención, tal inquietud por lo espiritual no puede ocultar la realidad de una falta de sentido religioso y eclesial y, añadiría yo, de experiencia real de Dios y seguimiento de Cristo. Hace treinta o cuarenta
años Dios era un tema que suscitaba apasionadas defensas de la postura de fe o de las diversas posturas no creyentes. Hoy, a pesar del interés de muchas personas por descubrir sus ángeles, sus buenas energías, o estar en armonía con el cosmos, y aún a pesar de la simpatía que como ejemplo de humanidad pueda despertar Jesucristo, lo cierto es que prevalecen las posiciones indiferentes, agnósticas y claramente no religiosas”.

 

Juan Jaime Escobar, sch. p.

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