Día más relajado que el de ayer en su comienzo pero muy intenso al final. Tras la oración propia de la mañana y la Eucaristía, comenzamos el día con una serie de talleres cuyo objetivo era presentar los pequeños y grandes “Trastéveres”, lugares donde estamos los Escolapios y que son, sin duda, luces en el horizonte que nos alumbran, voces que nos llaman, silencios que nos atraen. Talleres preparados por las diferentes Provincias que nos permitieron trabajar luego en la Asamblea Plenaria y poner en común las ideas principales de lo vivido y lo trabajado en cada taller.

A media mañana comenzamos un necesario tiempo de descanso. Nos fuimos caminando a unas instalaciones deportivas cercanas, donde pudimos disfrutar de la piscina y donde pudimos compartir tiempo y conocernos mejor en un ambiente mucho más distendido. Allí comimos y cargamos pilas para el trabajo que traería la tarde.

La tarde nos reservaba un duro trabajo, un trabajo en grupos que debía propiciar la formulación de dos retos importantes para los jóvenes, dos retos para las Escuelas Pías y dos retos para la Iglesia Universal. Ahí nos pusimos, con ganas y dedicación. Pudimos hablar, pudimos compartir, pudimos debatir y confrontar para terminar la tarde con el objetivo cumplido, objetivo que luego rematarían los secretarios y secretarias por la noche para redactar correctamente estas conclusiones.

El broche final del día fue un concierto brutal y magnífico de Álvaro Fraile, cantautor cristiano, que nos ofreció un rato de música y reflexión. El ambiente y la emoción se desbordaron y los aplausos, los silbidos, las sonrisas… hablaban de la magia del instante.

Mañana afrontaremos el último día. Que el Espíritu siga soplando.