En el cuarto y último día de Asamblea, después del ejercicio de reconocer, interpretar y elegir llegó el momento de sentirse bendecido para compartir la buena noticia.
Para iniciar la jornada se celebró la Eucaristía. Durante la homilía, el escolapio Juan Carlos de la Riva nos recordó que la Juventud «son el ahora de Dios; son el sueño de Dios pues Jesús corre por sus venas». De la Riva agradeció a los chicos que durante estas jornadas de reflexión y aportes «hayan empujado a los adultos a Jesús».
Muchos son los pueblos que a lo largo de la historia expresaron el deseo de acercarse a Dios construyendo lugares de encuentro en las montañas, esa fue la razón por la que durante la magna del último día se subió al Monte Albán, zona arqueológica de la cultura zapoteca. Ésta experiencia ayudó a reflexionar cómo el hombre se mueve, se acerca al otro, construye comunidad para hacerse más hermano cerca de Dios.
Por la tarde regresamos a casa, para cerrar la jornada y el encuentro. Las aportaciones de estos días se han recogido en un documento para el conjunto de las Escuelas Pías en los temas de Educación No Formal, Movimiento Calasanz, Relación con Dios, Opción Preferencial con los pobres, Acompañamiento, Discernimiento Vocacional, Redes y Comunicación, Formas de Anunciar el Evangelio. Cada demarcación finalizó con el diálogo en mesas de trabajo sobre los retos que supone poner en marcha las aportaciones del documento del encuentro en cada realidad Escolapia.
También fue el momento para los agradecimiento, al Padre General por sus aportaciones y apoyo, la coordinación del equipo de la Asamblea, la hospitalidad de la comunidad religiosa de Oaxaca que acogió a los asistentes con los brazos abiertos. Y también a los jóvenes participantes, por soñar y construir una Escuela Pía fiel al carisma, al Evangelio.
El reto del encuentro se hizo entonces patente: promover con los jóvenes una nueva manera de funcionamiento en la Escuela Pía con y desde los jóvenes.