A nuestras hermanas y hermanos: Jóvenes, a los Grupos del Movimiento Calasanz, las Fraternidades de las Escuelas Pías en las distintas demarcaciones y a toda la Orden de las Escuelas Pías,

¡Un saludo de paz!

Jesús está vivo y quiere que vivamos, quiere vivir a través de nosotros. Estamos sumamente emocionados de deciros que nuestro corazón arde al reunirnos aquí durante el Sínodo Escolapio, porque como los discípulos de Emaús, hemos encontrado a Cristo y lo hemos reconocido entre nosotros.

Hace dos años, comenzamos un camino hacia nuestro propio Emaús espiritual y en ese viaje, nos encontramos con Jesús a través de las Escuelas Pías, los propios religiosos escolapios y las Fraternidades Escolapias, el Movimiento Calasanz y los programas de formación que hemos experimentado. Ahora en Oaxaca, México, hemos reconocido al Señor en la realidad de los jóvenes, mientras reflexionábamos sobre la Exhortación “Christus Vivit” y compartiamos nuestras situaciones, temores, esperanzas y sueños para la Iglesia y las Escuelas Pías. 

Durante este tiempo tan provechoso hemos experimentado la Sinodalidad. Nos hemos encontrado con una Iglesia que realmente escucha a los jóvenes, que tiene ganas de oír sus esperanzas y sus preocupaciones. Una Iglesia que reconoce que el Espíritu Santo está hablando a través de ellos. Es este Espíritu quien invita al joven a participar activamente en esta misión. En línea con este estilo sinodal nos gustaría caminar juntos, meternos en la vida hasta el fondo; los jóvenes y la Orden por igual, para llevar adelante el trabajo que Cristo nos entrega para llevar a término, para vivir la fe y el carisma escolapio.

Recibimos el Espíritu a través de las celebraciones y oraciones, en las diferentes lenguas de quiénes aquí hemos participado; hemos sentido esto, incluso cuando no sabíamos hablar una lengua en particular. Lo que nos une es mucho más grande que lo que nos divide, ya que todos estamos conectados en Cristo: un cuerpo, un espíritu.

Durante la visita a la Ciudad de los Niños (una institución para niños en situación de vulnerabilidad, ubicada en Oaxaca), se nos recordó la entrega a los pobres, sacrificar nuestro tiempo y energía a quienes más lo necesitan, devolver lo que estamos recibiendo gratuitamente en el don de la eucaristía. “La cosecha es abundante pero los trabajadores son pocos. Por lo tanto, pida al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” (Mateo 9, 37-38). Dios nos está llamando a todos y cada uno de nosotros a convertirnos en trabajadores de su cosecha, llevar a los que nos rodean a vivir la cruz y una vida de resurrección. La Iglesia y las Escuelas Pías nos necesitan para empoderar a nuestros compañeros jóvenes ofreciéndoles nada menos que a Jesucristo. La experiencia nos motiva a seguir avanzando, a continuar sirviendo a los jóvenes con todo nuestro corazón, a convertirnos en líderes valientes y audaces para otros jóvenes, ayudándolos a convertirse en discípulos.

Muchos jóvenes quieren llegar a ser testigos de la Luz de Jesús, pero si tomamos decisiones equivocadas o no asumimos riesgos, permanecerán en las sombras. El Sínodo ha despertado en nuestros corazones un nuevo fuego para ser la antorcha encendida que ilumine el camino de los jóvenes hacia el Reino de Dios. De este modo, ayudarles también a verse a sí mismos del mismo modo que Dios los ve, para guiarlos a una vida de libertad, para guiarlos a desarrollar una relación amorosa y auténtica con Dios.

Hemos escuchado la voz de los jóvenes y en base a ello, ofrecemos propuestas para ellos y para las Escuelas Pías. Invocamos la intercesión de Nuestra Madre la Virgen María y de San José de Calasanz para que nos guíen en el proceso de llevar a la Orden de las Escuelas Pías más cerca de Cristo y servir al máximo a los niños pobres y a la juventud. ¡Amén!