Subida en el tren camino de Galicia y una vez más millones de sentimientos invaden y recorren mi cuerpo después de todo lo vivido en una ciudad que creo que quedará grabada para todos los que hemos estado en ella.

Hablo de Oaxaca, una ciudad llena de vida, llena de esperanza, de imaginación, de cariño, de comprensión. Es una de las ciudades por las que pasas y estoy segura que algo de ella se quedará en ti, algo que hará que cambies y que empieces a valorar la vida de otra manera.

68 almas, alegres, llenas, comprometidas, con ganas, almas de Calasanz, de esas que se conocen y no pueden olvidarse se reunieron en esa ciudad para dejar que los sueños volasen, para soñar muy alto y sobretodo para comprometerse con una Escuela Pía que da pasos. Una Escuela Pía representada por todos los escolapios que nos han regalado su escucha, su tiempo, sus ganas, su cariño y todos ellos acompañados por nuestro padre general Pedro Aguado.

Durante estos días 25 países hemos tenido la oportunidad de compartir todo lo que hemos vivido en cada uno de los sínodos de nuestros continentes, en ellos han estado presentes todos los jóvenes que han luchado, se han entregado y sobretodo han apostado para que las propuestas llegasen a la orden y ahí estábamos nosotros, los diferentes representantes de las provincias para poder compartirlas, para exponerlas a la orden y para juntos crear nuevos proyectos para la Escuela Pía.

Nuevos cambios, nuevos proyectos que después de este Sínodo comenzarán en cada una de nuestras comunidades, nuestros coles, nuestras provincias y por supuesto nuestra Escuela Pía. Una Escuela Pía siguiendo los pasos de Calasanz, teniéndolo como ejemplo, siendo fraterna, juvenil y llena de la sabiduría de los que le duelen las rodillas.

Queridos jóvenes, creo que solamente puedo terminar estas palabras diciéndoos algo que el padre general nos ha transmitido en uno de sus momentos de compartir: “Cuando el espíritu aparece, sopla, debemos estar atentos para saber donde nos lleva”. No tengáis miedo, estamos preparados para afrontar todo lo que Dios quiera de nosotros, sólo debemos confiar y permanecer.

Nerea Pena.