Todos habíamos llegado ayer. Jóvenes y acompañantes de muchos lugares de Europa, desde Eslovaquia y Hungría, pasando por Polonia, Italia y las provincias españolas de Cataluña, Emaús y Betania, tomaron posesión del lugar ayer tarde. Salamanca nos esperaba con los brazos abiertos y la comunidad escolapia de esta presencia nos recibió llena de alegría e ilusión.

El día de hoy fue el primero de trabajo de verdad tras la cena y una pequeña oración de ayer. La jornada comenzó con una Eucaristía, a las 7:30, presidida por el P. Eloy Fernández. Una misa llena de cantos y diferentes idiomas que nos ayudó a comenzar el día unidos en Jesús. Tras el desayuno comenzó el trabajo de verdad. Lehel, de Hungría, nos guió a través de una dinámica de conocimiento que permitió que los miembros de cada mesa de trabajo nos conociéramos mejor. Nuestros gustos, nuestros intereses, nuestras prioridades, nuestros hobbies, nuestros talentos… fue un momento intenso donde empezaron a fraguarse las relaciones de unos y otros. Tras esa dinámica, compartimos una oración en la que pedimos la venda del Espíritu Santo sobre nosotros para el trabajo de estos días.

El centro de la mañana lo ocupó la charla del P. General, Pedro Aguado, que, como es costumbre, nos inyectó una buena dosis de energía, coraje, ilusión y osado atrevimiento. Los jóvenes no debemos esperar a ser adultos para lanzarnos de lleno a la misión a la que Jesús nos invita. No tenemos que tener miedo aunque debemos esperar dificultades e incomprensiones. El mismo Calasanz y Jesús son buena prueba de ello. Fue un rato muy intenso en el que pudimos preguntar a Pedro muchas de nuestras inquietudes.

Antes de comer pudimos ver cuatro vídeos presentación de alguno de los itinerarios sinodales llevados a cabo en diferentes provincias. Una comida deliciosa nos sirvió de descanso. Los ratos libres comenzaron a llenarse de conversaciones, de risas, de fotos, de confidencias… ¡Esto empezaba a tener buena pinta!

La tarde estuvo cargada de trabajo en grupo. Se llevaron a cabo diferentes talleres donde las distintas provincias presentes en el Encuentro pudieron compartir con todos alguno de los puntos más importantes que habían descubierto en su camino sinodal. Momentos de música, de reflexión, de modelar arcilla, de pintar en el suelo… que nos sirvieron para darnos cuenta de nuestras inquietudes y hacer un primer contacto con nuestra realidad y con nuestras expectativas. Y luego vino una visita muy especial: nos fuimos andando hasta la Casa Escuela Santiago Uno, una obra de educación formal y no formal en la que un buen equipo de educadores intentan recuperar el amor, la ternura y los sueños de muchos chicos y chicas que, por distintas circunstancias, se han visto apartados de la sociedad y de sus familias. Allí cenamos, con el corazón lleno de tanto Evangelio hecho carne.

Y como colofón un paseo nocturno por el casco histórico de Salamanca, una de las ciudades Patrimonio de la Humanidad y que actualmente celebra el 800 aniversario de su Universidad. Helados, risas, café, algo de poesía… y unos fuegos artificiales en la lejanía que nos llevaron a la cama pensando que mañana sería incluso mejor…